El tener la responsabilidad de escribir una editorial tiene implícito una serie de reglas y cánones establecidos que no estoy seguro de poder cumplir en esta ocasión por lo que de antemano les pido una disculpa y es que en este número me es necesario hablar sobre la reciente desaparición de un entrañable amigo cuya amistad nació y se desarrolló alrededor de esta revista que usted tiene en sus manos. Me es particularmente difícil escribir sobre la repentina muerte de una persona que se encontraba aún en la trayectoria ascendente de una vida llena de éxitos profundamente cimentados en una constante preparación, en un extenuante trabajo al cual se amaba profundamente lo que evidentemente era parte de su éxito, de un ser humano en el que no había cupo para sentimientos negativos y quien disfrutaba de sus logros desde el momento mismo en que estos mismos aun eran proyectos y cada uno de los pasos de su planeación, hasta verlos cristalizarse en los muchos éxitos que obtuvo.
La muerte ha sido siempre y es para el hombre un tema de profundas reflexiones y meditaciones tanto desde las perspectivas filosóficas y religiosas hasta las científicas sin embargo en nuestros días aun es difícil el convivir o aceptar la mera idea de la muerte. Cuando esta se presenta de una manera súbita en alguien que ni siquiera ha pensado en tenerla cerca esta aceptación se vuelve mucho más lejana.
En diversas ocasiones escuché hablar y relatar la manera como esta revista y la otra “Amiga” habían sido delicadamente elaboradas y llevadas a cabo y adivinaba en él el orgullo del profesionista que tenazmente gozaba de las mieles del éxito, aun cuando su profesión de ingeniero industrial no fuese el indicado para la labor que también desempeñaba, así mismo proyectaba el orgullo que sentía de su familia cuando platicaba de su padre recientemente desaparecido, de su mamá y de su hermana, pero sobre todo la sonrisa que no podía disimular al recordar las travesuras de sus tres hijos: Diego, Gabriela e Iván quienes junto con su esposa Laura amalgamaban el más valioso de sus trofeos.